Berlín 1940: El Último Desencuentro y la Antesala de Barbarroja


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Finlandia y Turquía

El Camino a la Guerra (VII)



En el otoño de 1940 los aliados del Pacto de No Agresión, Alemania y la URSS (comprometidos en agosto del año pasado), han pasado de una sincronización perfectamente engrasada a sufrir importantes desencuentros de índole estratégico. En el transcurso de algo más de este año que transcurre se han llevado a cabo políticas de hechos consumados que han enturbiado el entendimiento entre ambas potencias.

Tras tres semanas en Berlín, el conde von Schulenburg, embajador alemán en la Unión Soviética, regresa a la capital de la URSS no sin antes haber mantenido conversaciones con su jefe, el ministro de asuntos exteriores, Joachim von Ribbentrop. Es el 15 de Octubre de 1940. El diplomático deja claro a su superior que en su opinión no sólo es este enturbiamiento de relaciones achacable a Iosif Stalin, sino que Alemania también debe reconocer sus “hechos consumados”, como las garantías de defensa otorgadas a Rumanía, las negociaciones con Finlandia o la signatura del Pacto Tripartito. Schulenburg mantiene que es primordial ahora en aras a volver a los tradicionales cauces de colaboración con Moscú, dar pruebas de amistad.

El germano regresa pues a la capital soviética con instrucciones precisas de justificar el envío de tropas a Rumanía, transigir en la medida de lo posible con las aspiraciones soviéticas en el Danubio, mediar en las difíciles relaciones entre Japón y la URSS y conciliar los intereses del Pacto Tripartito con los del gigante comunista. Además se quiere desviar la atención de Stalin hacia el Golfo Pérsico e Irán, para debilitar en lo posible la posición británica en la zona. En síntesis, Alemania desea tranquilizar a la URSS al mismo tiempo que atreaerla hacia el ámbito del Eje.

Entretanto, en la cúspide de su poder Hitler se encuentra con Franco el 23 y con Pétain el 24 de octubre. En este momento el caudillo alemán está convencido de atraer a Stalin al lado del Eje. Una vez llegado a Francia para los encuentros él es consciente de que sus propuestas han tenido una buena acogida, primero por Molotov y segundo por Stalin. En conversaciones con Franco en Hendaya le dice: “Inglaterra está equivocada abrigando esperanzas para con Rusia. Si Rusia abandona su actual rol pasivo, podría perfectamente venir a nuestro lado.”

El asunto finés es uno de esos “hechos consumados”. En una conversación el 26 de septiembre de 1940 con el diplomático germano, el ministro de exteriores de la URSS, Vyacheslav Molotov, le revela sus sospechas sobre un desconocido acuerdo germano-finlandés y demanda ver los términos por escrito del mismo incluyendo las cláusulas secretas. Molotov justifica su recelo por un obvio comunicado de Berlín a la agencia United Press (que ha sido radiado), que anuncia que tropas del Reich han desembarcado en el puerto finlandés de Vaasa. Insiste en más explicaciones sobre la presencia de estas tropas de la Wehrmacht en Finlandia, una nación que quedaría bajo la acordada esfera de influencia soviética por el tratado ruso-alemán de agosto de 1939. De hecho el Reich está entregando armamento a Finlandia desde el mes de agosto pasado. Cuando realice su visita programada a Berlín en noviembre próximo, Molotov de nuevo abundará, esta vez ante Adolf Hitler, sobre la necesidad de retirar tal contingente.

Alemania, habiendo efectivamente obtenido derecho de tránsito de una agrupación militar hacia Kirkenes (Noruega), hace ver que sólo es un acuerdo provisional que cesará en cuanto las operaciones militares británicas en suelo noruego terminen. Pero Stalin desconfía y Molotov así lo expresa. De hecho 10 días antes, el 2 de noviembre por vez primera el gobierno soviético (Mikoyan) pone en evidencia las entregas de armas alemanas a Finlandia ¿Trama Hitler algún tipo de agresión contra la URSS por su flanco más septentrional? Molotov ignora que ya desde el mes de septiembre se han producido conversaciones auspiciadas por el Oberst Horst Rössing (agregado militar en Helsinki) en el cuartel general del Führer en Berlín, con el general de brigada finés Paavo Juho Talvela, plenipotenciario del mariscal Mannerheim, sobre un futuro planeamiento de operaciones combinadas contra la URSS.

El 2 de octubre de 1940, Molotov recibe contestación sobre el asunto a través de la embajada del Tercer Reich en Moscú: Se afirma que el acuerdo germano-finés sólo se refiere a una cuestión técnica de índole militar sin más implicaciones políticas. Que justo después de un entendimiento similar con Suecia sobre un transporte análogo a través de territorio de este último hacia las áreas de Oslo, Trondheim y Narvik, se obtiene este nuevo permiso de paso de Finlandia hacia la región de Kirkenes. Dicha zona, que necesita ser defendida contra el hostigamiento británico y debido al minado de la Royal Navy, sólo puede ser accedida por tierra y cruzando territorio Finlandés. Se añade que el transporte se ha efectuado a través de Uleaborg y Vaasa y no así por Pori. A la vista del mero aspecto técnico naturalmente se expresa que no se ha visto razón para notificar al gobierno soviético sobre el asunto. Finalmente se aclara que el acuerdo con Finlandia se ha alcanzado por un mero intercambio de notas, cuyo texto se adjunta en 4 puntos: 1.- El gobierno Finlandés, bajo petición del gobierno del Reich, autoriza el paso de transporte de material con personal de escolta desde los puertos septentrionales del Mar Báltico hacia Rovaniemi y la carretera del Océano Ártico hacia Kirkenes en el norte de Noruega. 2.- El gobierno del Reich alemán debidamente deberá especificar al gobierno finés los puertos seleccionados de desembarque, el número de navíos de transporte, las fechas de partida y arribada y las etapas programadas de tránsito en el norte de Finlandia. 3.- El gobierno del Reich alemán deberá notificar al gobierno finlandés al menos con un día de antelación el arribo de los barcos de transporte. 4.- El armamento será expedido aparte separado de las tropas en contenedores de carga. Se llegará a un acuerdo especial relativo al número de oficiales y soldados para labores de guardia de los contenedores de carga que porten armamento.

El 12 de noviembre de 1940 se produce la anunciada visita a bombo y platillo del enviado de Stalin al Reich, Vyacheslav Molotov. Al día siguiente en audiencia con Hitler, el soviético le escucha insistentemente la necesidad de un imperioso acuerdo para dividir al imperio británico. Molotov por su parte contesta que debe de haber primero un reconocimiento de los intereses de la URSS sobre Finlandia y los Balcanes. Entonces continúa con una lista de intereses soviéticos y demandas en Europa. Ya dejando de lado el asunto finlandés, ampliamente tratado con el Führer sin un acercamiento de posiciones, enfatiza que Rusia tiene intereses en Rumanía (recordemos que la Besarabia y la Bucovina ya han sido ocupados por tropas del RKKA en junio-julio pasados y la Misión Militar Alemana ya ha puesto pie en el resto de Rumanía), Hungría, Yugoslavia y Grecia. El ruso prosigue deseando un estrechamiento de relaciones con Bulgaria en virtud de un pacto de asistencia mutua. Continúa con el asunto polaco también. Por último, el diplomático de Moscú deja claro que la neutralidad de Suecia debe ser respetada para garantizar un paso libre desde el Mar Báltico al Mar del Norte a través de los estrechos daneses.

13 de noviembre de 1940. Cumbre en Berlín germano-soviética. Esta quedará no resuelta poniéndose de manifiesto la divergencia de intereses de ambas potencias. Molotov (izda.) es recibido por Adolf Hitler.

Pero el asunto sueco no es en realidad el último punto de la agenda. Queda Turquía, o mejor dicho, los estrechos que unen el Mediterráneo con el mar Negro, el Bósforo y los Dardanelos. El enviado del Kremlin ante Adolf Hitler afirma que Rusia estaría encantada de expandirse en dirección a Irán como este le pide, pero que es necesario primero tratar estos temas con más profundidad. Acerca de los Dardanelos, dice que necesita más que garantías sobre el papel.

Una vez de vuelta a la capital de la Unión Soviética y tras haber departido con su jefe, Iosif Stalin, se hace saber al embajador alemán, von Schulenburg, que la URSS está lista para unirse al Pacto entre el Reich, Italia y Japón, es decir constituir el Pacto Cuatripartito, pero que hay unas condiciones previas: a) La retirada de tropas de la Wehrmacht de territorio finés, b) El establecimiento de una base soviética cuyo radio de operación englobe los estrechos del Bósforo, c) Y que Japón renuncie a las concesiones de la parte septentrional de la isla de Sakhalin conseguidas tras la derrota rusa en 1905.

El 22 de septiembre de 1940, el gobernador del condado de Vaasa, Jalo Lahdensuo, y el jefe de policía anuncian que tropas alemanas han desembarcado la noche anterior en Vaasa y Oulu.
El acercamiento a Alemania tras la Guerra de Invierno contra la URSS sompe el aislamiento de la joven nación, pues Alemania estaba unida hasta ese momento con la URSS. El mariscal Mannerheim reconoce que de no haberse dado estos acuerdos con Alemania, a finales de 1940 Finlandia habría caido víctima de la URSS. No obstante, este acercamiento supone a la vez un daño en sus relaciones con Gran Bretaña y los EE.UU.

Es especialmente en el punto b) anterior, en los estrechos del Bósforo y Dardanelos, donde las políticas expansionistas de ambos imperios chocan irremisiblemente. Remontémonos ahora 132 años en el tiempo a la reunión en Erfurt entre el Zar Alejandro I y Napoleón (1808). Parecen los presentes acontecimientos una repetición de un encuentro malogrado en el que la suerte de Europa se repartía en una mesa de negociación. Allí el ruso y el francés decidían sobre el destino de Turquía, sobre quién sería el dueño del Danubio, quién dominaría los Balcanes, Egipto y ostentaría el control de Constantinopla (“la llave del Mundo” que llamó el corso). Napoleón, a la vez que alimentaba la imaginación del Zar con ambiciosos planes exigía cada vez más condiciones a la común empresa, limitando los beneficios que el imperio ruso pudiera obtener a cambio de asegurar vía libre a la Francia imperial para penetrar en el Asia Menor y la India. Erfurt quedó inclonclusa, tal y como la reunión de Berlín de noviembre de 1940.

¿Por qué?

¿Cómo podía Rusia, la actual Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas resignarse a perder las “llaves del mundo” y verse circunscrita a un mar interior (mar Negro) y dejar este derecho de paso a un nuevo imperio en plena expansión? ¿Y cómo podría Adolf Hitler permitir que un gigante le cerrara el paso hacia Asia (los recursos de Oriente Medio y la India) y África, permitiéndole desplegar un poderío militar en el Mediterráneo en sustitución del que ostenta en 1940 la Royal Navy?

En cuanto a los Dardanelos, Alemania está a favor de una revisión de la convención de Montreux de 1936 (Turquía ostenta el control pleno de los estrechos del Bósforo y Dardanelos para regular el tránsito de buques de guerra de otros Estados, a cambio de garantizar libre tránsito de naves civiles en tiempo de paz) que facilitara en acceso de Rusia al Mediterráneo y cerrar a su vez el mar Negro a armadas extranjeras; pero aceptar bases soviéticas en los estrechos es algo con lo que Alemania no transigirá.

23 de octubre de 1940. En el encuentro en Hendaya con Franco Hitler está en el apogeo de su poder. En la estación de tren donde conversan durante 12 horas el Führer le comunica que Inglaterra está equivocada esperando algún acercamiento de Rusia porque de romper la URSS su política de pasividad, esta indudablemente se decantará hacia del Eje.

Es difícil saber si tras la reunión de Berlín el líder alemán ya ha reconocido para sí mismo que el expansionismo del Tercer Reich no puede seguir una vía paralela al del imperialismo soviético. Del mismo modo Vyacheslav Molotov quizás haya llegado a la misma conclusión y reconocido para sus adentros que los destinos de Alemania y la URSS colisionarán tarde o temprano. De cualquier forma Moscú queda a la espera de la decisión final de Hitler. ¿Cederá este a las demandas rusas para la firma del Pacto Cuatripartito o la guerra ya sólo será cuestión de tiempo…?

Todo esto acontece pues en otoño de 1940. No hay posibilidad de operaciones militares de envergadura tanto contra Gran Bretaña o la URSS en los Balcanes o el Mediterráneo, al menos hasta la siguiente primavera. Hitler, a pesar de sus sentimientos, línea ideológica o conclusiones después del encuentro con Molotov, tendrá semanas o unos meses para decidirse. Y de esta decisión dependerá el desarrollo de la guerra y de toda la situación mundial. ¿Pero y porqué sólo unos pocos meses? ¿Teme Alemania una agresión militar de Stalin a medio plazo? En una reunión entre el almirante Raeder y el Führer mantenida el 26 de septiembre de 1940 (justo antes de la firma del Pacto Tripartito), el jefe de la Kriegsmarine estima que sería posible evitar un enfrentamiento futuro con los soviéticos de llevar a cabo una operación a gran escala para controlar el Mediterráneo oriental y Oriente Próximo, con el objeto de asestar un golpe fatal al imperio británico. Adolf Hitler asiente. El almirante Raeder escribirá que es preciso alentar a Rusia a avanzar hacia Irán y la India, para buscar una salida al Océano Índico, una posición geoestratégica indudablemente más vital que sus asentamientos del Mar Báltico. Esto tendría un doble beneficio para Alemania: desviar a la URSS de los intereses directos del Reich y enfrentar finalmente a Stalin contra el imperio de Churchill.

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The Road to War (VII)

Finland and Turkey

Berlin 1940: The last disagreement and Barbarossa’s prelude



In Autumn 1940 the Pact of Non-Agression allies, Germany and Russia, which bound them since August last year, have transitioned from a perfectly fine-tuned agreement to severe strategic misunderstandings. During the course of this year “fait accompli” have taken place that have marred the russo-german collaboration.

After passing three weeks in Berlin, Count von Schulenburg, the German Ambassador to Berlin, returns to the USSR capital city after having had conversations with his boss, the Reich’s Minister of Foreign Affairs, Joachim von Ribbentrop. It is the 15th of October, 1940. The Ambassador makes himself clear about the deteriorating relations to blame not only Stalin. Germany has her part on it too, like granted defence guarantees to Romania, agreements with Finland or the Tripartite Pact. Schulenburg remarks that it is of paramount importance to prove true friendship with the Soviets in order to return to a good understanding.

The German diplomat returns to the Soviet capital city with clear instructions to justify the military mission in Romania, to give in as reasonably possible with the Soviet aspirations in the Danube, to intercede between the diffult Japanese Soviet relations and to reconcile the Tripartite Pact interests with those of the USSR. On top of that Hitler wishes to deviate Stalin’s focus to the Persian Gulf and Iran to weaken Britain’s position in the region. In essence Germany wishes to reassure Russia and at the same time to attract her to the Tripartite Pact’s sphere.

In the meantime Hitler meets Franco on the 23rd and Pétain on the 24th of October, he had decided to try to secure Russia’s adherence to the Three-Power Pact with, as he thought, a good chance of succeeding. When he travels to France for the meetings he already knows that his advances have had a favourable reception, first from Molotov and then from Stalin. In his conversation with Franco at Hendaye he tells him: “England is wrong to place any hope in Russia. If Russia were to abandon her passive role, she would at least come over to the German side.”

Field Marshall Mannerheim with Prime Minister Ryti and Adolf Hitler. In spite of this picture corresponding to 1942, already in 1940 Mannerheim recognizes the need to approach the German in order to guarantee Finnish sovereignity.

In the summer of 1940, Germany’s occupation of Norway forces the Führer to transfer troops and munitions by sea and through the neutral countries of Sweden and Finland. The most convenient route to northernmost Norway was a rough truck road that passed through Finland. Diplomatic relations between Finland and the Third Reich greatly improved after the 1939-40 Winter War versus the USSR, even though Germany backed the Soviet Union and on the 18th of August an agreement was reached to allow Germany to set up supporting bases along the long Arctic truck road. The negotiations were held between the Finnish military and Hermann Göring‘s personal emissary Josef Veltjens. This was kept secret until the Wehrmacht arrived in the port of Vaasa on the 21st of September, 1940.

The Finnish question is one of those “fait accompli”. In conversations with the German diplomat on the 26th of September Vyacheslav Molotov unveils his suspicions about some unknown agreement between Germany and Finland. He demands to see its written terms including the secret protocols. Molotov justifies his distrust after a Berlin communiqué (radioed) announcing that the Wehrmacht has landed in the Finnish port of Vaasa. He insists on more explanations over the presence of these troops in Finland, a nation that would lay under the Soviet sphere of influence in accordance to the russo-german treaty of August, 1939. As a matter of fact the Third Reich is delivering weapons to Finland since August, 1940. When the Soviet Minister of Foreign Affairs visits Berlin on the next November he will again repeat, this time before Adolf Hitler, demands to withdraw this troops.

Germany matter of factly has received transit rights for a military contingent towards Kirkenes (Norway) and states that it is just a temporary deal to expire as soon as British military operations over Norway cease. But Stalin suspects and Molotov so expresess this concern. In fact just 10 days before, on the 2nd of November the Soviet government (Mikoyan) for the first time proves the delivery of weapons to Finland ¿Is Hitler preparing some kind of aggression against the USSR on her northernmost flank? Molotov ignores that since September there have been conversations hosted by Oberst Horst Rössing (German military attaché in Helsinki) at Hitler’s headquarters in Berlin with the Finnish Major General Paavo Juho Talvela, Marshall Mannerheim’s envoy. All regarding the future planning of military combined operations against the USSR.

On the 2nd of October, 1940, Molotov receives an answer via the Third Reich’s embassy in Moscow: The finno-german agreement it is just a military technical issue without further political implications. It is stated that just after a similar understanding with Sweden for troop transit to Oslo, Trondheim and Narvik, this is a new permission obtained by Finland to transit towards Kirkenes. The note adds that the enclave needs to be defended against British action and due to the Royal Navy mining of the waters it neeeds to be approached by land across Finland. The note finishes explaining that the trasport has been carried out through Uleaborg and Vaasa, but not through Pori. Under a mere technical aspect the Germans state that there is no real reason to notify the Soviet government about it. Finally the note clarifies 4 points: 1.- The Finnish government, under the Reich’s petition, authorizes the transit of special materiel along with escort personnel from the Northern Baltic Sea ports towards Rovaniemi and the Arctic Ocean road to Kirkernes on the North of Norway. 2.- The German government is to especify to the Finnish government the chosen disembarkment ports, the number of vessels, the dates of departure and arrival and the stages needed for the transit across Northern Finland. 3.- The Reich must notify the Finnish government at least a day ahead the arrival of the transport vessels. 4.- The weaponry will be shipped apart from the troops in cargo crates. There will be a special agreement in regards of the number of officers and soldiers for the escort service of the crates containing the weapons.

With great fanfare on the 12th of November, 1940, Vyacheslav Molotov arrives in Berlin. The next day, the Soviet meets Hitler and listens to urgent pleas of the necessity to divide the British Empire. Molotov answers that there should be in the first place a recognition of USSR interests over Finland and the Balkans. Thereafter the latter discloses a list of demands in Europe. But leaving the Finnish question that has been largely discussed with the Führer to no avail, he remarks that Russia has interests over Romania (let’s remember that either the Bessarabia and Bukovina have been occupied last June-July and the German Military Mission has already arrived in Romania as well), Hungary, Yugoslavia and Greece. The Russian diplomat continues wishing tightening relations with Bulgaria thanks to a mutual assistance pact. Lastly the Polish affairs are dealt too. Molotov still makes it clear that the Sweden neutrality must be respected in order to guarantee free passage from the Baltic to the North Sea through the Dannish corridors.

However the Swedish matters are not the last issue in the agenda. It still remains Turkey, or more accurately, the straights that link the Mediterranean with the Black Sea, the Bosphorous and the Dardanelles. The Kremlin envoy states before Adolf Hitler that Russia would accept to expand towards Iran as the latter claims, but it is necessary in the first place to deal about these subjects more in depth. In the new world share-out which Hitler has in mind, Russia is to receive South-East Asia towards the Persian Gulf and the Arabian Sea, with at the same time the assurance of a freer access to the Mediterranean. Regarding the Dardanelles, Molotov demands more than written guarantees.

Once Molotov is back to the capital city of the Soviet Union and after having informed his boss, Iosif Stalin, the German ambassador, von Schulenburg, is notified that the USSR is ready to join the pact with the Third Reich, Italy and Japan. In other words: to create the Cuatripartite Pact, but only after meeting the following criteria: a) The withdrawal of the Wehrmacht from Finnish territory, b) The establishment of a Soviet base that encompasses within her operational radious the Bosphorous, c) And have Japan decline her concessions over Northern Sakhalin Island, achieved after the Russian 1905 defeat.

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The Montreux Convention (1936) agreement concerning the Dardanelles strait. In response to Turkey’s request to refortify the area, the signers of the Treaty of Lausanne and others met in Montreux, Switzerland and agreed to return the zone to Turkish military control. The convention allowed Turkey to close the straits to all warships when it was at war and to permit merchant vessels free passage. As for the Dardanelles, Germany favoured a revision of the Montreux Convention which would facilitate Russia’s access to the Mediterranean and close the Black Sea to the warships of non-riparian powers, but she could not go as far as accepting the establishment of Soviet bases on the Bosphorus and the Dardanelles

It is precisely regarding b), the straights of the Bosphorous and the Dardanelles, where the two expansionist policies of both empires collide. 132 years back in time in the Erfurt summit (1808) between Czar Alexander I and Napoleon, the present events resemble those of the 19th century inconclusive meeting, when the fate of Europe was to be decided. Back then the Russian and the French decided over the future of Turkey, the Danube, the Balkans, Egypt and who would control Constantinople (“the key of the world” as the Corsican named). Napoleon, fed the appetites of the Czar with ambitious projects but everytime demanded more and more conditions, limiting the Russian Empire benefits to those of France in order to have a direct entry into Asia and India. Erfurt remained inconclusive, as it has the Berlin summit of November, 1940.

Why?

How could Russia, the present Union of Soviet Socialist Republics, resign herself to lose the “keys of the world” and live constrained in an inner sea (Black Sea) and yield this right to a new expansionist empire? And how could Adolf Hitler allow a juggernaut stood amidst his objectives in the Middle East and India, allowing at the same time this giant to deploy his military might in the Mediterranean replacing the Royal Navy’s?

In regards of the Dardanelles, Germany is in favour of a review of the Montreaux convention (1936), when Turkey was given control of the straights of the Bosphorous and the Dardanelles in order to manage the transit of other states’ warships in exchange of guaranteeing the free passage during peace time of civil vessels. This new approach to the Montreaux convention would facilitate the access of the USSR to the Mediterranean Sea and to close the Black Sea to foreign navies; but in any case the Reich would accept Soviet bases in the straights.

It is not easy to know whether the German leader has already realized of the incompatibility of the Reich and USSR expansion policies. By the same token Vyacheslav Molotov perhaps has arrived into the same conclussion and accepted that the fate of Germany and the USSR will collide sooner or later. In any case Moscow awaits Hitler’s final decision. Will he take the Russian demands in order to create the Cuatripartite Pact or war will be the only solution…?

All this was in the autumn of 1940. No large-scale military operations against either Russia or Britain are possible in the Balkans or the Mediterranean until the following spring. Hitler has therefore some weeks, even some months, in which to make his choice. And on this election depends the whole development of the war and of the world situation. In an appreciation of the situation which Admiral Raeder made to Hitler on 26 September 1940, just before the signing of the Three-Power Pact, the Commander-in-Chief of the Kriegsmarine points out that it is possible to avoid clashing with Russia by carrying out a strategic operation to seize the Eastern Mediterranean and the Near East, thus delivering a decisive blow at the British Empire. Hitler agrees. He believes [Raeder says] that Russia should be encouraged to advance southwards towards Iran and India, so as to find an outlet to the Indian Ocean much more important than her positions in the Baltic. It is precisely this possibility which is left open by the Three-Power Pact. Germany sees in it a two-fold advantage: she could divert Russia towards the east and south-east of Asia, where German interests are not directly involved; and in this area Russia would also clash with the British Empire.


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