¿Hitler arruina el avance sobre Moscú?

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Los Mitos de Barbarroja (XIi)

En agosto de 1941 la Wehrmacht hizo un patrón operativo impuesto por el agotamiento de hombres y máquinas. Los motores de los carros de combate quedaron en la práctica inutilizados desgastados por el polvo ruso que atascaba los filtros. Era el precio a pagar por las 6 semanas de marcha a través de la Unión Soviética. Tras mes y medio de combates el Ejército Rojo por su parte seguía encajando derrota tras derrota y sufría constantes retiradas. De improviso en el espacio de las dos a tres primeras semanas de agosto de 1941 el Oberkommando der Wehrmacht (OKW) pareció dudar…¿Hacia dónde continuar? La cuestión que se planteaba era: ¿Progresar hacia Moscú aprovechando la iniciativa del momento aún en manos del Tercer Reich? Muchos generales alemanes eran partidarios de esta tesis, incluidos Franz Halder (jefe del estado mayor del OKH) y otros reputados comandantes, como Heinz Guderian, uno de los “ases” del arma acorazada (Panzerwaffe). Finalmente Hitler aplacó a los más acérrimos de la idea y ordenó un sorpresivo cambio en la estrategia general de todo el frente. La orden llegaría como un mazazo a los comandantes sobre el terreno, que simplemente no la entendieron. El mismo Guderian, entonces al mando del 2º Grupo Acorazado y conquistador en esas fechas del importante enclave de Smolensk, voló de improviso a Rastenburg, sede del cuartel general avanzado de Hitler (“La Guarida del Lobo”) para intentar disuadir al Führer.

A finales de julio de 1941 se desarrolla la batalla de Smolensk. Usando una tenaza Panzer (por el norte, Hoth y por el sur, Guderian) se intenta embolsar a tres ejércitos del RKKA. Smolensk acabará cayendo, no obstante la bolsa no se consegurirá cerrar completamente siendo los soviéticos capaces de mantener un estrecho corredor abierto. Posteriormente el frente quedará estabilizado apuntalado en dos salientes: Yartsevo y Yelnya. El mantenimiento de ambos enclaves costará bajas muy gravosas. Guderian, empecinado en continuar hacia Moscú sostendrá Yelnya a sangre y fuego hasta septiembre, cuando lo abandonará ante la presión de Timoshenko y sabedor de que ya no le servirá de trampolín para saltar hacia la capital de Stalin. Para Hitler ahora Moscú es un objetivo secundario. Este saliente del teatro central de operaciones de todo el frente del este expone tanto el flanco izquierdo y derecho de von Bock.

La decisión del dictador germano fue firme. El Grupo de Ejércitos “Centro” debía ceder sus dos grupos acorazados (2º de Guderian y de Hoth) y apoyar las operaciones de captura de Kiev y Leningrado respectivamente. Guderian no salía de su asombro. ¿No era Moscú más importante que cualquier otra consideración? Estimaba que frente a él apenas existían fuerzas organizadas como para contenerle y veía a la capital al alcance de la mano. Adolf Hitler le escucha hasta un punto en que de improviso le interrumpe y es cuando le espeta que sus generales “no entienden nada de los aspectos económicos de las guerras”.

Esta portada de la revista estadounidense LIFE muestra a Guderian informando al Führer. A la izquierda, el Reichsmarschall Hermann Göring.

Lo cierto es que el Grupo de Ejércitos “Centro” estaba tan avanzado, que sus flancos estaba expuestos. En especial el derecho. De haber continuado los carros de combate de Guderian y Hoth hacia adelante, todo el Grupo de Ejércitos del mariscal von Bock hubiera ofrecido una oportunidad de contraataque a unidades soviéticas del Frente de Timoshenko aún combativas, como al 5º Ejército del general Potapov. Este, manteniendo la cohesión y aún una gran capacidad operativa, estaba desplegado en la inhóspita región de las marismas del Pripyat, es decir, al sur de von Bock. Para Hitler, que tenía muy presente la campaña napoleónica que había tenido lugar 100 años atrás, era imperativo asegurar este flanco, que de hacerlo traería además como premio los campos fértiles de Ucrania y en breve la rica cuenca minera del Don. Así pues ante la presión de sus generales y a regañadientes, Hitler autorizó a von Bock a continuar hacia Moscú pero sólo con sus soldados de a pie, mientras que los Panzer debían girar 90 grados hacia el norte y hacia el sur. Hacia el norte, Hoth apoyaría la conquista de Leningrado, mientras que hacia el sur, Guderian enlazaría con el 1er Grupo Acorazado de von Kleist para eliminar la amenaza del flanco y cercar al Frente Sudoccidental soviético. Así el grupo de ejércitos más potente de todo el frente oriental se vió de repente desposeído de sus carros de combate. Pero tal maniobra, que debemos de juzgar brillante e inesperada para germanos y soviéticos, concluyó con la captura de Kiev y el más grande embolsamiento de tropas de la historia: más de 600.000 prisioneros y asestó un duro revés al Frente del mariscal Semyon Budyonnij.

Continuará…

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[English version]

Myths of Barbarossa

twelfth MYTH: hitler hampers the advANCE ON MOSCOW?

In August 1941 the Wehrmacht ordered an operational halt due to the exhaustion of men and machines. The tank engines were simply worn out suffering dearly by the Russian dust that clogs the air filters. It is the toll payed after 6 weeks of non-stop march across the Soviet Union. On the red side and after this month an a half the situation was much worse suffering the RKKA defeat after defeat in a constant withdrawal. Unexpectedly during the first two or three weeks of August the Oberkommando der Wehrmacht (OKW) seemed to hesitate. Where to head now? The question was: to advance on Moscow with the initiative still on the German side? Many Heer generals supported this idea such as Franz Halder (Chief-of-Staff of the OKH) and other renowned high ranking officers like Heinz Guderian, one of the Panzer “aces”. Eventually Hitler placated the latter and ordered a surprising change in the front general strategy. The order wasn’t simply understood by many commanders on the battlefield. The same Guderian, at the time Commander of the 2nd Armoured Group and conqueror on those days of the vital enclave of Smolensk, decided to fly to Rastenburg, Hitler‘s advanced HQ (“the Wolf’s Lair”) in order to dissuade the Führer.

With the battle of Smolensk underway, the Führer issued Directive No 33 on the 19th of July 1941. In it Moscow was no longer the main objective and it is ordered that once the Smolensk cauldron had been eliminated von Bock‘s Army Group would hand over its Panzergruppen to its neighbours, Army Group North and Army Group South. Suddenly the most powerful of the army groups loses its armoured fist. In the picture Smolensk, on the highway to Mosvow, occupied by the Wehrmacht.

The dictator’s decision was firm. Army Group “Centre” was to offer its two armoured groups, Guderian‘s 2nd and Hoth‘s 3rd, with the objective of supporting, respectively, the seizing of Kiev and Leningrad. Guderian was puzzled. Wasn’t indeed Moscow more important than any other consideration? He estimated that before him there’s wasn’t enough organized forces so as to contain him and therefore Moscow was at the reach of his hand. During the ensuing tense meeting Adolf Hitler listens to him up to a moment when he suddenly interrupts Guderian and answers that “his generals do not have the slightest idea about the economic aspects of wars”.

Guderian’s 2nd Armoured Group is ordered to pivot south linking up with von Kleist’s 1st Panzergruppe behind Kiev. The capital city of the Ukraine and more than 600,000 troops will fall to the hands of the Wehrmacht in the biggest encircling maneouvre in History.

As a matter of fact Army Group “Centre” had advanced too deep into Soviet soil and had its flanks largely exposed. Especially the right one. Neither its neigbouring army groups had advanced so fast. If Guderian had continued after a couple of weeks of rest with his Panzer wedge ahead von Bock‘s Army Group, then he would have had offered the RKKA and opportunity to counterattack with still credible forces, like General Potapov‘s 5th Army. This, still maintaining the cohesion and great operational capability, was deployed South of von Bock throughout the inhospitable Pripyat marshes. For Hitler, who had Napoleon’s campaing constantly in mind that took place 100 years ago, this was a clear and present danger. It was necessary to seal this right flank that in the end would offer the prizes of the fertile Ukrainian fields and soon the minerals of the Don basin. Under strong pressure of his generals the German Führer, reluctantly, authorized von Bock to resume the march towards Moscow but just with his foot soldiers, while the tanks had to pivot 90 degrees North and South. Towards the North Hoth would support the conquest of Leningrad, while towards the South Guderian would link up with von Kleist‘s Armoured Group to eliminate Potapov‘s threat and to encircle the whole Soviet Southwestern Front. We must assess this maneouvre as brilliant and unexpected either for Germans and Soviets, as it concluded with the seizing of Kiev and the largest encircling battle of History with the capture of more than 600,000 prisoners.


To be continued…

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¿Moscú, sí o no?

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Los mitos de barbarroja (VIII)

Moscú era indudablemente en 1941 (y es hoy, igualmente) el centro de primer orden político, industrial, social y de comunicaciones en la extinta URSS. La caída de Moscú, si bien hubiera podido suponer un duro golpe moral, no hubiera tenido sin embargo una repercusión decisiva para la derrota final del RKKA o para provocar el derrocamiento del régimen de Stalin. De hecho durante el otoño de 1941, cuando las tropas del mariscal de campo Fedor von Bock se aproximaban amenazantes a Moscú (Operación “Tifón”), el gobierno comunista se trasladó a Kuibyshev (Stalin permaneció en Moscú por motivos patrióticos). No sólo los resortes del poder trasladaron su sede, sino que también la industria se estaba reubicando ya desde julio a marchas forzadas más allá de los Urales, desde las regiones occidentales de la URSS. Y el Acuerdo de Préstamo y Arriendo (Lend-Lease act) con los Estados Unidos de América entró en vigor, lo que se tradujo en una afluencia de miles de toneladas de valiosos suministros que empezaron a arribar principalmente por vía marítima a la URSS.

“¡Defendamos Moscú!”, reza este cartel propagandístico animando a las tropas a mantener la capital a toda costa en 1941.

Adolf Hitler siempre temió entrar en una fase inconclusa en el desarrollo del combate, una especie de “pantano de la guerra” que el mismo general Erich Marcks (el encargado del planeamiento de la campaña) contempló, en el sentido de que si no se derrotaba al RKKA en el oeste de la Unión Soviética, podría alargarse la lucha indefinidamente desde bases en Asia y Siberia. Esto había que evitarlo a cualquier coste y la estrategia del Heer no podía ser otra que mantener su maquinaria militar en movimiento constante, asestando golpe tras golpe en espectaculares batallas de cerco. El punto de ruptura del RKKA se alcanzaría tarde o temprano al encajar un número determinado de derrotas catastróficas. Por lo tanto poseer las capitales de la “Madre Rusia” era desde luego deseable, pero no determinante. La URSS era sencillamente demasiado grande. No olvidemos los objetivos geográficos de “Barbarroja”: Alcanzar la línea territorial, de sur a norte Astracán-Volga-Arcángel.

Franz Halder, jede del estado mayor del OKH a la derecha de Hitler el 7 de agosto de 1941. En estos días de verarno se toman decisiones de índole estratégico para la operación Barbarroja. La principal de ellas enfrenta a un número de generales con Adolf Hitler: ¿Moscú, sí o no?

Gran parte del generalato alemán, incluído el jefe del estado mayor del OKH, Franz Halder, consideraba Moscú el objetivo natural que automáticamente les daría el triunfo. Esto fue, incluso antes del mismo inicio de la campaña en el este, fuente de agrias discusiones con el Führer. Uno de los principales defensores de esta estrategia fue Heinz Guderian. No obstante, de haber caído Moscú aún tendría Stalin vastos recursos que movilizar desde otras regiones más remotas. Por añadidura y sobre el impacto psicológico que hubiera supuesto sobre el Ejército Rojo de Trabajadores y Campesinos y el pueblo soviético, la pérdida de su capital no hubiera sido tan desmoralizador como para cesar la resistencia. Y esto ya aconteció. La historia probó en 1812 que la captura por Napoleón y la famosa quema de Moscú, volvieron más orgulloso y resistente al pueblo ruso que rechazó cualquier capitulación. Esto debe explicarse entre otros factores por el tradicional apego de este pueblo a su tierra unido a ella por un arraigo milenario. Y había otros numerosos enclaves “sagrados” que podían reemplazar a la ciudad de la Plaza Roja como símbolo para continuar la lucha.

Adolf Hitler nunca compartió acertadamente la opinión “pro-Moscú” de sus generales. En agosto de 1941 se produjo un parón operacional en todo el frente del este. La idea del Führer era distraer los Panzergruppen del Grupo de Ejércitos Centro hacia el sur y norte con el doble objetivo de sellar Kiev en una maniobra de cerco sin precedentes y capturar Leningrado, cuna del bochevismo, y enlazar con sus aliados finlandeses. Al desposeer al Grupo de Ejércitos Centro de las cuñas Panzer de Hoth y Guderian automáticamente cedía la iniciativa al Zapadnyj Front o Frente Occidental del Ejército Rojo pero esto no fue entendido por muchos comandantes sobre el terreno. Guderian volo ipso-facto al cuartel general del Führer en Rastenburg, la famosa “Guarida del Lobo”, para intentar que Hitler desistiera de esta estrategia que dejaba Moscú relegado a un segundo plano. Es cuando el caudillo alemán acusó a sus generales de no entender los aspectos económicos de las guerras, pues la bolsa de Kiev ofrecería al Reich las riquezas mineras y agrícolas de Ucrania. Finalmente en una encendida discusión con el jefe de tropas acorazadas Adolf Hitler accedió a que el Grupo de Ejércitos Centro continuara en dirección a Moscú, pero de momento sólo con la infantería. Moscú definitivamente tendría que esperar.

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Myths of Barbarossa

eighth MYTH: moscow, yes or no?

Moscow was (as nowadays is) in 1941 the first political, industrial and communications network of the extinct USSR. The fall of Moscow could have posed a severe moral blow, but would not have had a decisive fact for the final defeat of the RKKA or even to provoke the collapse of Stalin’s regime. As a matter of fact during the Autumn of 1941 when Generalfeldmarschall Fedor von Bock‘s Army Group Centre was approaching Moscow (Operation “Typhoon”), the Communist government had left to Kuibishev (Stalin stayed behind for patriotic purposes). Not only the brunt of the Soviet power changed its location but also the industrial network was being relocated at full speed from the Western regions of the USSR towards beyond the Urals. And the Lend-Lease act signed with the United States of America started the massive flow of valuable supplies arriving into the USSR through the Arctic Sea.

A reconnaissance armoured car SdKfz. 221 in a crossroads 100 km. from Moscow.

Even before the commencement of the campaign in the East Adolf Hitler always feared to get into an inconclusive phase of operations; a so-to-speak quagmire or standstill that the same General Erich Marcks (the man in charge of the planning of “Barbarossa”) always had in mind, making it absolutely necessary to defeat the RKKA in the Western regions of the USSR. Otherwise the fight could indefinitely be waged from remote bases beyond the Urals or Siberia. This had to be avoided at all costs and the Heer’s strategy could not be other than to keep its military machine in a constant move, dealing harsh blows in spectacular encircling battles. The Red Army‘s breaking point would be met sooner or later after a number of catastrophic defeats. Consequently to seize Mother Russia’s cities was certainly desirable but not determining. The USSR was simply too large. We must keep in mind the territorial objectives pursued by “Barbarossa”: The line Arkhangelsk-River Volga-Astrakhan.

A good number of German generals, men like OKH Chief-of-Staff Franz Halder, considered Moscow the natural objective that would end the campaing. This, even before the commencement of the Eastern campaing, was a source of sour disagreements with the Führer. One another supporter of this strategy was Heinz Guderian. But even if Moscow had been taken Stalin would still have at his own disposal vast resources to mobilize. Additionally and regarding the psychological impact that would have posed on the Red Army of Workers and Peasants and the Soviet people, the loss of their Capital city would not have been as decisive so as to cease all resistance. And this happened already. History proved in 1812 that the capture of Moscow by Napoleon and its famous arson turned the people even more proud and resilient rejecting any humilliating capitulation. This can be explained due to the traditional rooting of the people with their land. And there were many other “sacred enclaves” that could have replaced the capital city as a symbol in order to continue the fight.

A Waffen SS motorcycle on the way to Moscow during autumn 1941.

Adolf Hitler never shared the pro-Moscow opinion of his generals. In August 1941 occured an operational halt in the whole Eastern Front. Hitler‘s idea was to use both Army Group Centre‘s Panzergruppen towards Leningrad and Kiev. The objective was twofold. With an unprecedented encircling maneouvre to drive south to the east of Kiev and to drive north to support the seize of Leningrad, cradle of Bolshevism, in order to link with his Finnish allies. But by deducting the two armoured wedges from Army Group Centre he automatically yielded the initiative to the Red Army‘s Zapadnyj Front or Western Front. This wasn’t understood by many of his battlefield commanders. Guderian ipso facto flew to Hitler‘s HQ in Rastenburg, the “Wolf’s Lair”, to try to make the Führer give up the pursuit of this strategy that rendered Moscow in a lower priority. This is when the German leader regretted his generals did not understand the economic aspects of wars. The fall of Kiev would offer the Third Reich the treasures of Ukraine’s vast agricultural and mining resources. After a tense argument with his Panzer Commander Hitler agreed with great reluctance to allow Army Group Centre to continue towards Moscow, but for the time being just with infantry. Definitely Moscow had to wait…


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