El Camino a la Guerra (I)

 

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PRELUDIO DE BARBARROJA

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versalles tratado-28 jun 1919
El 28 de junio de 1919 se firma el Tratado de Versalles. Las potencias vencedoras (a excepción de Rusia) imponen restricciones severas a Alemania. «Los gobiernos aliados y asociados declaran, y Alemania reconoce, que Alemania y sus asociados son responsables, por haberlas causado, de todas las pérdidas y de todos los daños sufridos por los gobiernos aliados y asociados y sus naciones como consecuencia de la guerra que les fue impuesta por la agresión de Alemania y sus aliados». Las negociaciones duraron varios meses por la negativa de Alemania de firmarlo, pero los aliados amenazaron con el retorno a la guerra y finalmente el tratado se rubricó.

Acabada la Segunda Guerra Mundial en 1945 el vacío dejado por las potencias europeas, vencedoras y derrotadas, es ocupado por los Estados Unidos de América y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Este hecho, testigo del nacimiento de la Guerra Fria contrasta grandemente con las circunstancias de la posguerra del conflicto anterior de 1914-18. Al día siguiente de la victoria de 1918, las tropas norteamericanas en Europa se repliegan a la seguridad de la lejana América y Gran Bretaña, del mismo, modo abandona el continente. Esto produce por así decirlo “un vacío de poder” que conlleva un desequilibrio militar latente, pero también político y económico, que Francia, menos poblada y desarrollada industrialmente y por ende más débil que Alemania, no puede compensar. Rusia, tras la revolución bolchevique de 1917 y su retirada de la Primera Guerra Mundial, está sumida en una guerra civil, los imperios centrales están desmembrados y en el caso alemán, además, sufriendo una crisis económica y social sin precedentes. Europa, exhausta, parece estar por fin en equilibrio gozando de una paz merecida, pero este nuevo orden será temporal. Es como si en el tablero de ajedrez europeo, donde el correcto número de piezas garantizara el orden y se establecieran los contrapesos necesarios para el mantenimiento de la paz, faltaran piezas relevantes que forzosamente alguna potencia pondrá sobre la mesa tarde o temprano…y de hecho pondrá en breve.

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Caricatura de la época haciendo hincapié en la pesada carga que habría de pagarse en millones de libras esterlinas.

Tras su elección como canciller de Alemania en las elecciones de 1933, Adolf Hitler demandará un puesto legítimo en este tablero incompleto abocado necesariamente a la inestabilidad. Alemania, derrotada, herida, superpoblada y sumida en el caos financiero, político y social, está sometida a los dictados del Tratado de Versalles impuesto por los también agotados vencedores. Hitler clama a los cuatro vientos tras los comicios que busca desligarse de estos compromisos. Ansía la recuperación de los territorios perdidos y la reunificiación de todos los pueblos germanos de centroeuropa. Pero no sólo esto, el Führer se hace acreedor de nuevos espacios para la

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El “puzzle” europeo antes y después de la Gran Guerra. Tras la finalización del conflicto en 1918 los imperios centrales sufrirán una descomposición territorial en un nuevo orden europeo. Estados como el polaco serán una vez más encajados en el nuevo mapa, otros desaparecerán, como el imperio austro-húngaro y otros como Alemania quedarán mermados en su extensión. Pero el nuevo orden no acabará con las antiguas aspiraciones de muchos de ellos.

expansión de la etnia germana. En su obra “Mein Kampf”, su credo político, ya habla de este “espacio vital” (Lebensraum), que naturalmente ha de conseguirse en el este de Europa. Hacia el oeste no es posible expandirse, pues existen potencias militarmente considerables y la barrera natural del océano, pero hacia el este existen extensiones casi infinitas. Sólo existe un problema y es que al este un gigante está en plena transformación y existe. Así las aspiraciones germanas de preguerra se ven forzosamente limitadas a la Europa oriental en principio excluyendo a la URSS. El anhelo nacional-socialista de ochenta millones de alemanes se ve frenado por más de 170 millones de soviéticos. Son 170 millones de hombres que están adquiriendo conciencia en un nuevo estado de su extensión, su fuerza y su nueva doctrina política llamada comunismo. Son los años previos a 1939, año del estallido de la nueva guerra mundial.

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La Unión Soviética se transforma a marchas forzadas de estado agrario a potencia industrializada. La nueva ideología comunista exige el culto a las personalidades del régimen: Lenin, el ideólogo y Stalin, el caudillo.

Pero ¿qué ocurre paralelamente en la Unión Soviética en los años 30, los años del camino a la guerra? Iosif Stalin guía la impresionante transformación del estado más extenso del planeta en una potencia industrial y militar de primer orden. El Ejército Rojo de Trabajadores y Campesinos (RKKA), el nuevo ejército que ha nacido para derrotar a las fuerzas imperiales del Zar se motoriza a una velocidad sin paralelo en el mundo. Se compra tecnología militar donde y cuando sea necesario (diseños de carros de combate, motores…) y la producción de vehículos blindados y aeronaves supera a la de cualquier otra nación con creces. Y todo ello en el mayor del los secretos tanto de cara al exterior como al interior. La Rusia soviética no está alineada ni con Inglaterra ni con Francia, a pesar de observar con inquietud el resurgir alemán bajo las riendas de Adolf Hitler y no se siente segura.

Rusia tiene aspiraciones también en el este del continente europeo. Son las viejas reclamaciones zaristas, dormidas tras la revolución bolchevique de octubre de 1917, pero que parecen despertar con Stalin, el hombre fuerte de la URSS tras el fallecimiento de Lenin. Una de estas es Polonia, que encajada en el mapa por las potencias vencedoras tras la Gran Guerra, es vista como una aberración tanto por alemanes como rusos. Alemania se ha visto obligada a ceder territorios a la nueva Polonia y la URSS parece revivir los acontecimientos de 1811, cuando la gran potencia continental era la Francia de Napoléon. Justo antes de la campaña del caudillo corso en Rusia, el entonces conde de Saint-Julien, ministro de Austria en San Petersburgo envía una misiva a su jefe, el conde de Metternich en la que constata que “…a pesar de todas sus demostraciones guerreras, prefiriendo la paz a la guerra, de la que teme las consecuencias internas, Alejandro [Zar de Rusia] no pondrá dificultades para aceptar como indemnización la parte del Ducado de Varsovia situado sobre la orilla opuesta del [rio] Vístula”.

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Bajo la guía del gran Stalin, ¡adelante con el comunismo!

120 años después los acontecimientos parecen repetirse. Hitler ocupa ahora el lugar de Napoleón y Stalin el de Alejandro. Pero el este de Europa no sólo es Polonia. La URSS desea además una silla en la mesa de negociaciones para el arbitrio del bajo Danubio, reclama Besarabia a Rumanía, las repúblicas bálticas, Finlandia y los estrechos del mar Negro. Por su parte Alemania, por el momento intenta atraerse los favores de húngaros y rumanos. Ambos países, en especial Rumanía, disponen de importantes plantas de extracción de crudo y es una de las fuentes de suministros de carburantes de Alemania, tan escasa en este tipo de recursos básicos. Cuando la guerra de comienzo, Hitler comenzará una política más activa (e irremisiblemente militar) en el sudeste europeo y Balcanes, que a la postre entrará en conflicto con Stalin.

Pero antes, mientras la comunidad internacional vive los últimos días de paz del verano de 1939, se produce un hecho que asombra al mundo: El Pacto de No-Agresión germano-soviético (o Pacto Ribbentrop-Molotov). El 23 de agosto de 1939, esto es una semana antes de la invasión de Polonia y el comienzo oficial de la Segunda Guerra Mundial, se firma en Moscú el documento de alianza entre los ministros de asuntos exteriores de las dos potencias, ante la mirada complaciente de Stalin. El mundo no alcanza a comprender la “amistad” anti-natura de dos regímenes dictatoriales y tan opuestos en su ideología. ¿Tan puestos?

 

Segunda parte: El Pacto de No Agresión ruso-germano

 

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[English version]

BARBAROSSA’S PRELUDE

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The Berlin newspaper “Neue Blatt” publishes breaking news on the front page regarding the exchage rate between the U.S. dollar versus the German mark. 1 dollar equates on the 28th of July, 1923, 1 million marks. The value of the already hiperinflated German currency will still fall without control further. This will cause unprecedented unemployment rates, riots and general chaos. Berlin will become the European capital of sex, being this the only chance for thousands of desperate women bound to feed hopeless families.

Once WWII finishes in 1945, the space left by either the winning and defeated powers is
occupied by the United States of America and the Union of Soviet Socialist Republics. This fact, that led to the Cold War, greatly opposes the post-war scenario born after the 1914-18 conflict. The very next day after the victory of 1918, the U.S. troops that fought in France are withdrawn to the safety of America. Likewise Great Britain leaves de continent. This produces a “vacuum” or military imbalance, but also a political and economical one that France, less populated and industrially less developed and therefore weaker than Germany, can’t compensate just by herself. Meanwhile Rusia, after the 1917 Bolshevik revolution and her withdrawal from the World War I trenches, fights a civil war and the central powers are divided into an array of new states. In addition Germany suffers an economic and social debacle. Europe is exhausted but at least seems to enjoy the correct balance of a new order, but this is to be just temporary. In the European chess table, where the number of pieces guarantee the order, the necessary stability and the counter-balance of threats to preserve peace, some of these pieces are missing. Sooner or later a new power will place the missing pieces modifying this fragile equilibrium.

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“Victory over Versailles”, is written in this Nationalsocialist propaganda poster. One of Adolf HItler’s promised political goals was to get rid of the terms of this Treaty that included the concession to France of the Alsace and Lorraine, the loss of the Sarre mines for 15 years, the transfer of territories to Belgium, Denmark and the new born Poland and the loss of all her colonies. Germany’s army would then be limited to a máximum of 100,000 men,  banned the military conscription system and obliged to demilitarize the Rheinland. The German navy was also meant to be transferred as a front payment for the war reparations, however the Germans preferred to scuttle the fleet. Likewise Germany wouldn’t be allowed to possess any aviation, submarines or heavy artillery.

After the democratic elections in Germany in 1933 Adolf Hitler becomes Chancellor. Soon he is going to demand his right place on this incomplete and unstable chess table. Germany, defeated, maimed, over-populated and subject to an economic and social chaos is subject to the dictates of the Treaty of Versailles, imposed by the exhausted winners. Hitler publicly announces his intention to ignore the obligations of this treaty. He dreams of the re-unification of the lost territories and of the dispersed Germanic peoples. In addition to that he demands new spaces for a territorial expansion. In his political ideary “Mein Kampf” (“My Fight”) he already refers to this vital space (Lebensraum), that logically has to be taken from Eastern Europe. There is no other chance as the West is occupied by militarily capable nations and beyond them there are the limits of the ocean. But to the East there is indeed a giant, which is under a profound transformation. Pre-war Germany’s aspirations are therefore limited to her nearest eastern neighbours excluding the USSR. 80 million Germans are thus halted by 170 million Soviets. These are 170 million men who are acquiring in a new state a conscience of their extension, force and a new political doctrine called Communism. These are the years before 1939, the date of the commencement of World War II.

But what is happening in the 30’s in the Soviet Union, the years of the road to war? Stalin is the leader of the largest state of the planet and is poised to transform it in an industrial and first class military power. The Red Army of Workers and Peasants (RKKA)the new army born after the defeat of the Czarist imperial forces, motorizes at a speed second to none in the world. Whenever new military technology is needed, Russia buys it (new tank designs, engines…) and the industrial output of armoured vehicles and airplanes surpasses that of any other nation. And all is achieved under a veil of outer and inner secrecy. Soviet Russia is not aligned at this time neither with Great Britain nor France, in spite of distrusting the steady German resurgence under Adolf Hitler. Russia doesn’t feel safe.

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Military parade at Red Square, Moscow, 1930. The full motorization of the Red Army is one of the regime’s main objectives.

Russia has aspirations on the East of the European continent too. These are the old Czarist claims, asleep during the 1917 October revolution, but that seem to wake up with Stalin. Poland, snapped into the European map by the winning powers after WWI is seen by an aberration by Germans and Russians. Germany has been bound to cede territories to Poland and the USSR revive the events of 1811, when the continental power was Napoleion’s France. Just before Napoleon’s campaign in Russia in 1812, Count Saint-Julien, then Austria’s Minister in Saint Petersburg sends a letter to this boss, Count Metternich where he states the following “…in spite of all his military demonstrations, preferring the peace over the war, of which he fears inner reactions, Alexander [Czar of Russia] won’t oppose to accept as a compensation the part of the Warsaw Duchy on the opposite side of the [river] Vïstula…”. 120 years later the political arena seems to be the same. Hitler replaces Napoleon and Stalin, Alexander. But Eastern Europe is not only Poland. Russia wishes to occupy a seat amongst the countries that rule the lower Danube, Bessarabia, the Baltic Republics, Finland, and the Black Sea straights. Germany at the moment tries to seduce Hungarians and Romanians. Both countries have oil plants, especially Romania, being this one the main suppliers of Germany, always in the need of raw materials and fuel. When the war starts Hitler will pursue a more active (and aggressive) policy in Southeast Europe and the Balkans, that eventually will collide with Stalin’s.

But right before, while the world is still enjoying the last moments of peace during the summer of 1939, a significant event shocks the international community: it is the German-Soviet Non-Aggression Pact (or the Ribbentrop-Molotov Pact). On the 23rd of August, 1939, a week before the official start of WWII the two Ministers of Foreign Affairs sign in Moscow the document that seals the alliance of the two powers before Stalin’s complacent look. The world simply fails to understand the unnatural “friendship” of the two dictatorial regimes totally opposed in their ideologies. Totally opossed?

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